El día de muertos es una celebración mexicana donde se honra a los muertos. Es una de las celebraciones más importantes de México, y que incluso la UNESCO declaró como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Al día de hoy tiene elementos prehispánicos y coloniales, ya que los españoles arrasaron con todas las fiestas de los mexicas, sin embargo, se dieron cuenta que coincidía con el día de todos los santos y decidieron mantenerlo y combinarlo con las creencias nativas para así facilitar la evangelización de los pueblos originarios.
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Hoy presentamos: el origen de día Muertos.
Los teotihuacanos acostumbraban hacer una ofrenda en honor a los muertos casi todo el tiempo, realizando rituales con el objetivo que el difunto llegara a uno de los cuatro paraísos según su cosmovisión de la muerte.
Se ofrendaba comida, copal, vasijas, cuchillos, piedras de jade y semillas; también ofrendaban perros xoloescuintles para que los guiaran por el inframundo y pudieran llegar al paraíso.
Para los pueblos mesoamericanos, la muerte no tenia la connotación negativa que tenían los pueblos cristianos, donde según la vida que se llevaba se castigaba o premiaba al momento de morir.
Por el contrario, ellos creían que cada alma tenia un diferente destino dependiendo del tipo de muerte que tenían y no por lo hecho en vida.
Las dos grandes culturas de mesoamérica eran los mexicas o aztecas, y los mayas. Ambos habían desarrollado un gran culto a la muerte. Siendo estos los precedentes de la celebración moderna del día de muertos en México.
Para los mexicas, al morir una persona su alma tenia cuatros caminos posibles por recorrer:
Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia.
A este sitio llegaban aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por efecto de un rayo, los que morían por enfermedades como la gota o la hidropesía, la sarna o las bubas, así como también los niños sacrificados al dios Tláloc.
El Tlalocan era un lugar de reposo y abundancia.
Se trataba de un lugar placentero, donde existen toda clase de árboles frutales, así como maíz, chía, chiles, tomates, fresas, calabazas, y más productos, donde la vida era enteramente feliz. Este lugar estaba impregnado por el olor de todos estos arboles, frutas y demás alimentos. Además de ser el hogar del dios Tláloc, esto lo sabemos gracias a los escritos hechos por el misionero español, Fray Bernardino de Sahagún.
Omeyocán, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. A este lugar llegaban los muertos en combate, los cautivos que se sacrificaban y las mujeres que morían en el parto.
El Omeyocan era un lugar de gozo permanente, en el que se festejaba al sol y se le acompañaba con música, cantos y bailes. Los muertos que iban al Omeyocan, después de cuatro años, volvían al mundo, convertidos en aves de hermosas plumas multicolores.
También es la residencia de la pareja creadora de los dioses y de la creación del universo. Es el lugar donde se concibe el principio generador de todo lo existente, Ometecuhtli y Omecíhuatl, dioses del sustento, de la furtividad, de lo inerte e inherente, y regidores del ciclo de la vida.
Mictlán, destinado a quienes morían de causas naturales.
Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era el inframundo de los mexicas lleno oscuridad del que ya no era posible salir y se dividía en nueve niveles.
El camino para llegar al Mictlán era muy tortuoso y difícil, pues para llegar a él las almas debían transitar por distintos lugares durante cuatro años. Luego de este tiempo, las almas llegaban al Chicunamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían las almas de los muertos. Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro Xoloitzcuintle, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas, algodón, hilos colorados y mantas. Quienes iban al Mictlán recibían, como ofrenda, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón. Las teas son astillas de madera con resina hechas para alumbrar o para prender fuego.
Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo. De esta manera, era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro, como ocarinas, flautas, tambores y sonajas en forma de calaveras; esculturas que representaban a los dioses mortuorios, cráneos de diversos materiales como piedra, jade, cristal, braseros, incensarios y urnas.
En las culturas del valle del Anáhuac, hoy centro de México, no existía como tal una fecha para el día de los muertos, ya que según su calendario llamado Hiupohualli, eran dos fechas diferentes de celebración, divididas en veintenas.
La primer veintena era la celebración llamada: Miccailhuitontli, que significaba, la fiesta de los muertitos o fiesta de los muertos pequeños y la segunda Miccailhuitl, que significaba fiesta de muertos.
La primera se llevaba a cabo en el noveno mes del calendario solar mexica llamado Tlaxochimaco correspondiente al mes de julio, y la segunda en agosto.
Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado xócotl, al cual le quitaban la corteza y lo adornaban con flores. En la celebración participaban todos, y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días.
En el décimo mes del calendario Mexica se celebraba Micailhuitl o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el árbol de xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol.
Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas. Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el árbol de xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente colocaba altares con ofrendas para recordar a sus familiares y amigos fallecidos, lo que es el antecedente del actual altar de muertos que los mexicanos ponen en sus hogares y plazas.
De igual manera la cultura maya compartía una visión muy similar a las de los mexicas. Creían en un inframundo que el alma debería cruzar y junto con un perro xoloescuintle. Solamente que el inframundo maya se llamaba Xibalbá.
Los mexicas eran parte de las culturas nahuas del centro de México, compartían muchísimos rasgos culturales, ya sea por pertenecer a la misma cultura o por intercambio cultural con otras culturas como lo eran los mayas, los zapotecas y mixtecos al sur o con los purépechas al oeste de México.
Para la época del virreinato de la nueva España, los evangelizadores españoles impusieron su religión y nombres a los pueblos originarios mexicanos, sin embargo, para suavizar la destrucción de su cultura utilizaron puntos en común entre ambas culturas para que la aceptación de los nativos fuera más fácil. Así como sucedió con la virgen de Guadalupe al fusionar la mitología cristiana de la virgen Maria con la adoración mexica por Tonantzin.
Así surgió la imagen de la virgen de Guadalupe, una manera de cristianizar la religión mexica.
Así sucedió con las celebraciones nativas hacia los muertos, al empatar las fechas del día católico de todos los santos y todas las almas con las celebraciones mesoamericanas. De ahí surgió el día de los muertos como lo conocemos hoy en día.
Durante el virreinato de la Nueva España, las prácticas mortuorias católicas empezaron a realizarse, como lo fueron los cementerios, entierros y cremaciones con la liturgia católica, donde se mezclaron ambas tradiciones, la europea con la indígena mexicana.
Los cementerios empezaron a ser decorados con ofrendas de flores de Cempasuchil y comida, como en la época prehispánica pero con alimentos que ya mostraban una influencia europea como con el pan de muerto, las calaveras de azúcar y el pib yucateco.
Hoy en día los alimentos que se ofrendan en el altar son:
Las calaveras de azúcar, con el nombre del difunto en la frente o de alguien vivo en forma de broma.
El pan de muerto que se hace con forma redonda adornado con huesos o cráneos, se elabora con anís, similar a los huesitos de santos en España. Actualmente en Texcoco se le hace también con una cobertura de ceniza de totomoxtle, que son las hojas del maíz.
La calabaza en tacha, es un platillo prehispánico, hecho de calabaza cocida con caña de azúcar, tejocotes, canela, actualmente también se hace con miel de pilonzillo.
El altar aparte se adorna con flores de cempasuchil y flores de terciopelo, así como papel picado, que era papel originario de china con recortes que forman figuras representando calaveras o demás símbolos mexicanos.
También se colocan varas de tejocote, ya que con estas el alma del difunto se abre paso, por eso se colocan las varas con todo y espinas.
Arco de caña y flores: en algunos lugares de México se acostumbra a realizar este arco, el cual simboliza el paso a una vida de purificación y el abandono del cuerpo terrenal.
Se prendía copal, que es una resina natural aromática usada desde tiempos prehispánicos como manera de purificación y curación de males físicos y espirituales.
También, se colocan los platillos favoritos del difunto, por lo general platillos mexicanos, como puede ser mole, tacos, arroz a la mexicana o enchiladas, así como bebidas alcohólicas como caballitos de tequila, pulque o vasos de mezcal.
Cuando son ofrendas para niños se colocan sus juguetes.
Como influencia católica se colocan cruces, y por lo general doce cirios, y claro está, fotos de los difuntos.
Dependiendo de la zona de México pueden cambiar ciertos rasgos de la celebración como puede ser en Janitzio, Michoacan, la Huasteca con el Xantolo o en Yucatán con su Janal Pixán.
En el norte de México se celebraba el día de todos los santos, sin embargo, hasta hace un poco más de medio siglo, se empezó a celebrar el día de muertos gracias a las políticas educativas del gobierno mexicano.
Es una tradición muy arraigada en los mexicanos, parte de su idiosincracia es el reírse de la muerte e incluso adorarla como lo hacen con la santa muerte, que podría ser la versión cristianizada de el señor del inframundo mexica Mictlántecuhtli.
Ha llegado incluso a lugares de centro y Sudamerica, y en la cultura popular se ha representado esta celebración en el cine de Hollywood, así como en dibujos animados y programas de televisión.
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