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martes, 22 de marzo de 2022

Música Prehispánica en México

 


Las culturas mesoamericanas, del hoy México,  han sido de las civilizaciones más brillantes del planeta, desde los Mexicas, Toltecas y Mayas, todas demostraron un gran interés por la ciencia, el arte y la naturaleza. Sin embargo, la conquista española destruyó mucho del legado de estas culturas. Sus templos, palacios y documentos fueron destruidos para así poder evangelizar a la población. Afortunadamente se han encontrado una buena cantidad de instrumentos en sitios arqueológicos que se han mantenido en relativo buen estado, para que nosotros podamos conocer cómo era la música de estas culturas. Testimonios, crónicas y códices dan fe de la importancia de la música en las culturas indigenas mesoamericanas. 


Sin embargo, debido a la falta de música escrita. ¿Realmente podemos saber cómo sonaba la música prehispánica mesoamericana?


Hoy vamos a hablar sobre todo lo referente a la música prehispánica. 


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Hoy presentamos: Todo sobre la música prehispánica en México.


Mesoamérica es la zona del centro y sur del actual México y Centroamérica. Todos estos pueblos migraron del norte del continente hasta que se establecieron en esta zona que es increíblemente rica en recursos naturales, así como un clima cálido que facilitaba el sedentarismo por la agricultura. Muchos también se establecieron en la parte norte de México, mejor conocida como aridoamérica, y como el nombre lo dice, era una zona mucho más calurosa y desértica por lo que muchos de estos pueblos eran nómadas y recolectores, como lo eran todas las tribus a las que los mexicas les denominaban chichimecas.



Periodos Históricos 


En el periodo arcaico, es decir, del año 2500 antes de Cristo, ya tenemos evidencia de prácticas musicales, ya que se han encontrado flautas de hueso y silbatos también de hueso, aún más antiguas. 


La utilización de instrumentos que imitaran sonidos naturales, como los de los animales, influían en el comportamiento de esos mismos animales al momento de cazar. Es por eso que se cree que se invocaba a la lluvia con sonajas que imitaban el sonido de la lluvia, ya que seguía la misma lógica de silbatos que imitaban animales y los manipulaban. 


Luego al crear instrumentos que generaban sonidos artificiales que no se encontraban en la naturaleza de manera cotidiana, se les asoció con conceptos religiosos y divinos, es decir, estos sonidos artificiales eran las voces de los dioses. Entre los primeros instrumentos prehispánicos que se les daba este uso estaban los raspadores de hueso, los caparazones de tortuga y los sartales de conchas. Se cree que con estos instrumentos se creaba música que se mezclaba con el ritmo y movimiento de las danzas para así entrar en contacto con el mundo espiritual. 



En el periodo preclásico, del año 2500 antes de Cristo al 150 después de Cristo, los instrumentos se desarrollaron de manera paralela a la creación de los templos y centros ceremoniales, y el desarrollo de la cerámica hizo que se crearan muchos silbatos y flautas de este material. 


En Tlatilco Estado de México, se han encontrado en restos funerarios, trompetas hechas de caracoles marinos, que se utilizaban para llamar a la población por su sonido que tenía un gran alcance. En las figurillas de Tlatilco se representan músicos con sonajas, tambores y flautas, lo que muestra una actividad musical compleja durante el preclásico medio del 1200 al 300 antes de Cristo. 


En ese mismo lugar se encontraron también vasos silbadores, que eran hechos de cerámica y que cuando se les vertía agua y se les inclinaba, el paso del aire y el movimiento del agua, generaban un silbido, que por esta misma razón se le daba un carácter mágico ritual. Muchas de estas flautas y silbatos tenían forma de felinos, culebras y otros animales que eran considerados como manifestaciones de seres divinos. 


En culturas del occidente mexicano, se han encontrado flautas dobles que producían interferencias y efectos psicoacústicos, estos sumado a los tambores, sonajas y raspadores que los sacerdotes tocaban para lograr un estado de trance que complementaban ingiriendo plantas con sustancias psicoactivas. 


En el periodo clásico que abarca del año 150 al 900 después de Cristo aproximadamente, encontramos que la actividad musical siempre estuvo muy representada en su arte, y se puede concluir que incluso pequeños centros regionales tenían su propia práctica musical. Por ejemplo en el entierro de Tres Zapotes en Veracruz, encontramos flautas de pan, en Teotihuacán, Estado de México y la costa del Golfo, encontramos flautas cuádruples, que demuestran el uso de escalas complejas, es decir, no solamente la escala pentatónica que se encuentra en muchas culturas antiguas. 


En los famosos murales de Bonampak, en Chiapas, podemos apreciar una ceremonia maya con danza y música. Podemos ver músicos de la corte con trompetas rectas, caparazones de tortuga, sonajas de calabaza y un gran tambor.


Fue tanta la importancia de la música en estas culturas precolombinas que incluso se construyó un templo en honor a las trompetas de caracol en Teotihuacán, llamado el templo de los caracoles emplumados. En los murales del Conjunto de Jaguares de esa misma ciudad, se aprecian a felinos soplando sus trompetas de caracoles con boquillas y emplumadas. 


Uno de los hallazgos más fascinantes, son dos raspadores de costillas de ballena que se encontraron en Monte Albán en el estado de Oaxaca. Sucedió al igual que con los restos óseos de los animales prehistóricos, estas culturas creían que eran huesos de gigantes que habían habitado otra época. 


En el periodo posclásico, del 900 al 1521 después de Cristo, es decir, el año de la conquista, se encontraron nuevos instrumentos hechos de metal. La metalurgia se desarrolló en este periodo e hizo que se crearan nuevos instrumentos como los cascabeles y placas de metal hechos de cobre que funcionaron como una especie de címbalos o gongs pequeños. Se encontraron ofrendas de cascabeles de oro en el Cenote Sagrado de Chichen Itzá, en Yucatán. Esto nos habla del dominio de la metalurgia. Todos estos sonidos metálicos se les asociaba con el poder señorial, es decir, la clase alta de estas civilizaciones. 


Por el lado de los mexicas o aztecas, se han encontrado palos de sonajas que se relacionan con los ritos para invocar la lluvia.

Aquí también encontramos al huéhuetl, tambor tallado de madera. 


Podemos apreciar el dominio absoluto de los mexicas en el tallado de maderas, esto lo podemos constatar en el huéhuetl de Malinalco. Tiene tallado el símbolo de los cuatro movimientos, nahui ollin, relacionado con la quinta era, así como con Xochipilli, diosa de la música,  y también encontramos águilas y jaguares danzando. 


También tenemos la representación en piedra del teponaztli, un tambor de lengüeta percutido por baquetas. En donde encontramos a Macuilxóchitl, un dios relacionado con Xochipilli, y en donde podemos ver que tiene una flor en su boca, metáfora para la música y el sacrificio, de ahí el concepto de “Floricanto” o cantos floridos. También podemos ver que sus ojos están en sus manos, y en los costados se representan pieles de jaguar. 


En las excavaciones del recinto sagrado de Tenochtitlán, en lo que es hoy el centro de la Ciudad de México, encontramos una gran cantidad de instrumentos musicales y su íntima relación con los ritos y el inframundo acuático de Tláloc, y en los altares se le reverenciaba a representaciones monumentales de trompetas de caracol talladas en piedra. 


Si bien, mucho de sus culturas fue borrado por los españoles, hubo personajes de esta misma nacionalidad que fueron claves para que al día de hoy podemos conocer sobre estas civilizaciones conquistadas ideológica y religiosamente. 


Entre los códices, crónicas y testimonios, de los mismos españoles e indigenas conquistados, podamos saber que la música de los templos era ejecutada por los sacerdotes, y la música de la corte, por músicos profesionales. Los sacerdotes comenzaban a tocar sus instrumentos cuando se iban a realizar los sacrificios nocturnos, llamados Tlatlapitzalzli. 


A media noche tenía lugar el Tozohualiztli, donde una guardia nocturna comenzaba a tocar sus tambores mientras se realizaban las observaciones astronómicas en los templos. Los músicos sacerdotales vivían en el recinto sagrado, mientras que los músicos profesionales, en el palacio. Estos también tocaban durante las ceremonias de danza circular donde había juegos rituales y sacrificios. Los códices de la época muestran que los danzantes utilizaban sonajas de calabaza adornadas con plumas, y los demás percusionistas tocaban los tambores al centro de los danzantes. 


La música también jugó un papel importantísimo en la guerra. Siempre la intimidación ha sido crucial en las guerras. El miedo podía ser desmoralizante para el enemigo. Se utilizaban tambores y silbatos, como el silbato de la muerte. 


A los conquistadores esta música les aterraba, al igual que la música que se ejecutaba durante los sacrificios. El cronista y conquistador, Bernal Díaz de Castillo cuenta que un Panhuehuetl, un gran tambor de un solo parche, estaba colocado en la punta del templo mayor en Tenochtitlán, y cada vez que se tocaba retumbaba en todo el valle de México, lo cual causaba terror en los españoles, ya que significaba el ataque de los guerreros mexicas, que no dudarían en morir hasta vencer al enemigo. Sin embargo las canciones y las danzas solemnes en las grandes ceremonias, les generaban gran admiración y gusto. Toda la educación musical mexica se impartía en el Mixcoacalli, escuela dedicada a la enseñanza de este arte. 


La música en las civilizaciones mesoamericanas, cumplía con los siguientes objetivos:


Dar una identidad a su civilización.

Cantos devocionales.

Cantos establecidos en un calendario para celebrar o conmemorar sus fiestas y ceremonias. 

Cantos nuevos para las hazañas históricas y militares.


Cabe recalcar que esta música difiere a los conceptos europeos que hoy nosotros entendemos como música. Su función no era la de entretener, mostrar virtuosismo o estética, sino la de generar el fervor religioso, su música estaba destinada a honrar a sus dioses y crear puentes espirituales entre este mundo y el mundo divino. Podríamos compararla con la música religiosa europea de antes del siglo décimo, caracterizada por el fervor impersonal de la oración y meditación en los templos. Por ejemplo, las culturas prehispánicas estaban enfocadas más en el timbre que en el tono, es decir, qué tan grave o agudo es un sonido y sus consonancias. Ellos buscaban los diferentes colores e incluso disonancias para entrar en trance con sustancias psicotrópicas, como ya la comentamos antes.




Teoría


Ya sabemos los usos que tenía la música en las culturas prehispánicas, pero ¿Cómo sonaba realmente? Es imposible poder saberlo, la falta de música escrita hace imposible poder asegurar cómo sonaba, sin embargo podemos hacer un análisis forense de los vestigios de los ritmos, melodías y armonías prehispánicas en la música folclórica actual mexicana. El investigador y maestro del Conservatorio Nacional de Música, Felipe Flores, aseguró que con los estudios etnomusicológicos podemos intuir su sonoridad gracias a las expresiones musicales autóctonas que han sobrevivido durante 500 años como parte de los ritos y festividades de Oaxaca, del Totonacapan y de la Península de Yucatán. 


Fray Bernardino de Sahagún dedica casi un volumen completo de sus escritos sobre la historia indígena, a las ceremonias donde la danza y los cantos eran primordiales. En las Bodegas del Museo nacional de Antropología en México podemos apreciar instrumentos que fueron los más avanzados en su época, como lo eran flautas múltiples que podían generar tres o cuatro sonidos al mismo tiempo en el siglo siete, quiere decir esto que estas culturas tenían ya un concepto de armonía depurada, mucho antes que apareciera la polifonía en Europa. 


En cuestión de escalas se conocen flautas de siete sonidos y de cinco sonidos, y en la costa del Golfo se han encontrado flautas con 17 sonidos, y que podían formar acordes de tres sonidos. 


De la cultura mexica o azteca se tiene una flauta ceremonial de cinco sonidos con embocadura de pico, y con forma de pierna de 32 centímetros. Tiene adaptados dos silbatos a los lados, para acompañar la melodía con intervalos de quinta y octava, y la melodía puede producir las notas: Sol bemol, fa, mi, re, y do. Esta flauta se encuentra en el museo de Nueva York de historia natural. 


También de la cultura mexica tenemos una flauta en forma de cabeza humana y seis perforaciones que nos permite tocar escalas diatónicas y cromáticas dependiendo de la fuerza del soplo y las contra digitaciones. En la isla maya de Jaina, Campeche, encontramos una flauta excepcional del siglo séptimo, tiene seis agujeros, y coincidentemente genera la escala de siete sonidos Europea, Do, Si, La , Sol, Fa, Mi, Re, y Do, del indice cuatro. Así también tenemos las flautas de émbolo que son microtonales. 


Rítmicamente es difícil decir a ciencia cierta qué compases o métricas utilizaban, pero rastreando hasta el día de hoy en la música de los concheros, y de música de origen indígena actual, podemos ver que el compás de 6/8 está muy presente, tanto en los concheros como en sones y huapangos. Desgraciadamente por la falta de documentos o fuentes, solamente podemos dejar esto en una hipótesis o tal vez una teoría, sin poder afirmarlo.



Instrumentos Principales


Vamos a clasificar a los instrumentos prehispánicos en varias familias para así poder entenderlos mejor. 


Idiófonos, se refiere a los instrumentos que su propio cuerpo es el que vibra y genera el sonido, como una sonaja, o un xilófono.


Membranófonos, son todos aquellos que tienen una membrana que vibra y genera el sonido, como por ejemplo los tambores y sus parches. 


Aerófonos, son aquellos que en su interior generan columnas de aire que vibran y generan sonido. 


Cordófonos, serían todos aquellos que utilizan cuerdas vibradas para generar sonido. Aunque de esta última familia no se tienen instrumentos prehispánicos. 


En la familia de los idiófonos tenemos una gran cantidad de instrumentos, desde sonajas, cascabeles y maracas. 


El Chicahuaztli, es descrito como un palo de sonajas, simbolizaba el rayo solar que fertilizaba la tierra, y era la insignia de Xipe Tótec. Suena de manera indirecta, es decir, cuando se agitaba su contenido interior percutía las paredes del instrumento. En las excavaciones del templo mayor de Tenochtitlán, se encontraron dos ejemplares. 


El Ayauhchicahuaztli, que significa: sonajas de niebla. Es descrito como una tabla de sonajas que se utilizaba para invocar la lluvia, en la ceremonia de Etzalcualiztli. Lo ejecutaba un sacerdote junto con un danzante y tres instrumentistas.


Los Tenabaris eran capullos de mariposa, secos y atados en grupos, con piedritas en su interior. Se amarraban a los tobillos y muñecas de los danzantes.


El Teponaztli, es un xilofono, un tambor de lengüeta, es decir, era un tronco hueco con una hendidura con forma de H en la parte superior que formaba sus dos lengüetas y era tocado con dos baquetas. Una de las lengüetas era más aguda que la otra, y generaban un intervalo de segunda mayor y de tercera mayor o menor. 


En la cultura maya se le conocía como tunkul, en la Mixteca como qhu, en la zapoteca como nicáche, en la otomí, nobiuy y en la tarasca como cuiringua. 


Se utilizaba principalmente conmemorando a los guerreros caídos en batalla. Marcaba el son de muchos cantos y danzas, incluso se llegó a utilizar como piedra de sacrificio de cautivos que reyes ofrecieron en el funeral del emperador Ahuizotl. Igual se utilizaba en los casamientos de un gobernador en la cultura mixteca. 


No solo era un instrumento, como podemos ver, sino que también era una obra artística en su tallado que podía mostrar rostros humanos o animales así como simbología de la cosmogonía de cada cultura. También existía la variación del Teponazhuehuetl: que era un Teponaztli con sus extremos cubiertos con parches de piel para ser tocados.


El Áyotl, es una concha de tortuga que se tocaba con los cuernos de un venado. Se creía que los pueblos originarios habían venido del oriente sobre conchas de tortugas. El áyotl, la ballena y la sirena hicieron un puente para que el cantor de Tezcatlipoca, mejor conocido como el espejo humeante, cruzara el mar hasta la casa del sol y trajera a los cantantes e instrumentos musicales para que le hicieran una fiesta. En su interior vivía Macuilxóchitl, dios de la música. 


Coyolli u Oyohualli, eran cascabeles y campanillas que al ser sacudidas generaban sonido. Algunas tenían dentro una bolita que percutía el recipiente hueco. Se fabricaban de oro, cobre y barro. El sonido de estos instrumentos era una metáfora del campo de batalla, en donde “se tienden el polvo entre los cascabeles”. Había ejemplares con forma animales hechos de oro, cobre y barro. 


La Ayacachtli, es una sonaja, constituida por un recipiente esférico con orificios, y con un mango. Dentro tenía semillas, bolitas de barro o de piedra. Generalmente se hacían con frutos de guaje. Los mixtecos le llamaban doco. Algunas culturas las fabricaban con apariencia antropomorfa y zoomorfa.


El Omichicahuaztli es un raspador hecho con un fémur humano que tenía estrías paralelas talladas perpendicularmente y el sonido era generado cuando se raspaba estas estrías con alguna concha. 

Podríamos decir que era una especie de güiro de hueso. 


En la familia de los membranófonos tenemos varios tambores.


El más famoso es el huéhuetl, que era un tambor de forma cilíndrica con el fondo abierto y un parche de piel en la parte superior, y era tocado con las manos. Los mayas lo llamaron Zacatán y los mixtecos, ñuu.


Se sabe que se fabricaban con diferentes formas a veces, como en forma esférica, de copa y semejante a un timbal sinfónico. Se utilizaba madera de nogal, encino, ahuehuete y arcilla. 


El huéhuetl se utilizaba para dirigir las operaciones militares, aunque también se utilizaba en funerales y demás ceremonias ya mencionadas, e  imitaba el latido del corazón. Tal vez por esta misma razón se tocaba con una figura rítmica en 6/8, parecido al latido del corazón, como podemos ver en música tradicional mexicana actual. 


Este tambor era más pequeño que el panhuehuétl, que era mucho más alto y se tenía que tocar parado. Como ejemplo tenemos el panhuehuétl de Malinalco de 97 centímetros de alto por 42 de diámetro. Este tambor muestra un dominio del tallado de madera y de toda la simbología que contiene. 


Podemos apreciar el símbolo nahui ollin, de los 4 movimientos, un águila  y jaguares bailando, y Xochipilli, dios de la música, entre otros símbolos.


Según la mitología, estos tambores vivían en la corte del Sol, cuando en la tierra la música aun no existía. Para dar al ser humano la manera de comunicarse con los dioses, Tezcatlipoca o Ehécatl, dependiendo la versión del mito,  se pusieron en camino al sol para atraer estos cantantes a la tierra. Al llegar aquí se manifestaron como tambores. 


Los aerófonos tienen un carácter muy especial por el hecho de que se basan en el aire, lo cual es parte muy importante en la mitología de estas culturas. Representaba a los dioses del viento y todo lo que ello conlleva.


El Atecocolli, es la famosa trompeta de caracol marino. Se le hacía una boquilla cortando la punta del caracol y por lo general era tallado para adornarlo. Se utilizaba como trompeta de guerra, así como para indicar la caída de la noche. Siempre se tocaba en puntos altos, como en la punta de un templo o de una montaña para que el sonido llegara lejos, esto significaba poder. En la leyenda de los soles, se cuenta el origen del Atecocolli. Al principio de la quinta era, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, descendió al inframundo, llamado Mictlán, para buscar al señor de los muertos, Mictlantecuhtli. En ese lugar tenia que recuperar los huesos de los seres pasados, para así crear al ser humano. Para poder llevarse los huesos tuvo que tocar el caracol del señor del inframundo cuatro veces dirigiéndose a los cuatro puntos cardinales. Sin embargo, la trompeta no tenía boquilla por lo que Quetzalcóatl con su magia invocó a los insectos que harían la perforación al caracol. Así fue como pudo salir del inframundo con los huesos divinos y crear al ser humano. 


El Tlapitzalli es el nombre genérico que se le da a todas las flautas. Los mixtecos los llamaban cutu. En Mesoamerica se utilizaban flautas de muchos tipos como las de tubo recto, transversas, socarrinas, silbatos, de pan, dobles, triples y cuadruples. Las flautas de Tezcatlipoca eran piccolo, es decir, muy agudas con sonidos casi dolorosos. Durante la fiesta del Tóxcatl, dedicada a Tezcatlipoca, un joven que estaba dispuesto a ser sacrificado, se caracterizaba de Tezcatlipoca, y era instruido en las buenas costumbres, así como proveído de todos los deleites y placeres durante un año. Era enseñado a tocar las flautas para luego irlas rompiendo en las escaleras del templo mayor hasta llegar a la cima y ser sacrificado.


Los mayas usaban el Hompak o Trompeta Maya como parte de sus rituales religiosos y sociales. Los conquistadores compararon su sonido con el mismísimo diablo, ya que era el llamado de guerra para los ataques de los guerreros mayas. 


La trompeta maya es considerada uno de los instrumentos de viento más antiguos del mundo. Es muy parecido al Didgeridoo  australiano  o Yidaki. El también llamado Incus Utop Chek que significa trompeta flor de árbol en maya lacandón puede ser hecho de quiote o flor de maguey cuando se seca, dándole mayor ligereza. Podemos ver en los frescos de Bonampak cómo los mayas tocaban estas largas trompetas casi de su mismo tamaño. 

En 1568, Fray Diego de Landa las describió en ‘La Relación de las Cosas de Yucatán’ como las trompetas largas y delgadas que tenían una calabaza al final que servía como caja de resonancia para amplificar el sonido. 

Conclusiones

Como podemos ver la música prehispánica en mesoamérica es increíblemente rica, y sus usos eran muy variados, desde la guerra, la religión y la fiesta. 

Su concepción de la música era totalmente diferente a la europea. No buscaba la belleza como tal, sino que podía incluso ser disonante para crear estados de trance. 

Más que enfocarse en la altura y combinación de consonancias o disonancias, se enfocaban más en el timbre. 

A los instrumentos se les veía de manera animista, es decir, creían que tenían alma y eran las voces de los dioses que hablaban a través del instrumento, que era considerado también divino. 

No hubo sistema escrito de su música, o por lo menos no sobrevivió ningún documento que lo demuestre. 

Podemos suponer solamente como sonaba la música prehispánica, comparando la música de grupos indigenas actuales que han mantenido su tradición. 

Los conquistadores despojaron de su religión a los indigenas, lo cual era básico para su música, y que causó que se perdiera su práctica tal y como era antes de la llegada de los invasores. Esto era parte de la conquista ideológica que planearon los españoles para así borrar la identidad nacional de cada una de las civilizaciones. 

Utilizaban escalas de cinco, seis, siete, y hasta 17 o 18 sonidos, siendo algunas cromáticas, diatónicas y otras microtonales. 

¿Qué opinas? ¿Ya conocías todos estos datos sobre la música prehispánica? ¡Déjanos saberlo en los comentarios! ¡Y recuerda suscribirte para que sigas aprendiendo de arte, historia y cultura con ArtCore Channel!



https://www.inah.gob.mx/boletines/2363-revisan-polifonia-en-musica-prehispanica


https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/la-musica-prehispanica-sonidos-rituales-lo-largo-de-la-historia


https://www.gaceta.unam.mx/musica-y-sonoridad-en-el-mexico-prehispanico/


https://matadornetwork.com/es/musica-prehispanica/


Música Precolombina, Samuel Martí, ediciones euroamericanas.


Stevenson, Robert (1968). Music in Aztec and Inca Territory. Berkeley: University of California Press.

Daniel Díaz. Arqueólogo por la ENAH. Iconógrafo de esta revista.

https://neomexicanismos.com/mexico-prehispanico/trompeta-maya-bonampak-historia/ 

Díaz, Daniel, “El tlalpanhuéhuetl de Malinalco, Estado de México”, Arqueología Mexicana núm. 95, pp. 18-21.

Mendoza, Vicente T. (autor)/Castañeda, Daniel (coautor). Instrumental precortesiano . Programa Editorial de la Coordinación de ciencias y humanidades de la UNAM. . 

Sadie, Stanley. (2001) The New Grove: Dictionary of Music and Musicians. Second Edition Vol. 16, MacMillan Publishers Limited

Dr. Arnd Adje Both. Reiss-Engelhorn-Museen Mannheim, Alemania. Presidente del Study Group on Music Archaeology, ICTM (UNESCO). Realiza investigaciones sobre arqueomusicología prehispánica: www.mixcoacalli.com.

Arnd Adje Both, “La música prehispánica. Sonidos rituales a lo largo de la historia”, Arqueología Mexicana, núm. 94, pp. 28 - 37.

Cantares Mexicanos: Songs of the Aztecs Translated by John Bierhorst.  Stanford University Press; 1985.

Music in Aztec and Inca Territory by Robert Stevenson.  Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1968. Second edition, 1976.

 

Más de México, https://youtu.be/1hzdFyjqnsU 

https://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/objetoprehispanico%3A17816

https://mexicana.cultura.gob.mx/es/repositorio/resultados?word=cascabel,



 



martes, 25 de enero de 2022

La vida de Julian Carrillo y su sonido 13

Julián Carrillo Trujillo fue un compositor, director, violinista y científico mexicano nacido en Ahualulco San Luis Potosí en 1875. Forma parte de la corriente internacional modernista. Es considerado como uno de los compositores mexicanos más importantes y un pionero muy importante del microtonalismo. Investigó el microtonalismo y desarrolló la teoría de Sonido 13. El primer intento de formalizar el estudio del microtonalismo. 

 A los 19 años compuso una misa que fue bien recibida. Esto, junto con una carta de recomendación del gobierno de San Luis Potosí, le permitió estudiar en el Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México. Con profesores como Melesio Morales. En 1899, el general Porfirio Díaz, presidente de México, escuchó a Carrillo tocar el violín y le otorgó una beca para estudiar en Europa. Carrillo fue admitido en el Real Conservatorio de Leipzig y se convirtió en primer violín en la Orquesta del Conservatorio, dirigida por Hans Sitt; y la Orquesta Gewandhaus, dirigida por Arthur Nikisch. 

 Carrillo compuso varias obras en Leipzig, incluido el Sexteto en sol mayor para dos violines, dos violas y dos violonchelos. Dirigió la Orquesta del Conservatorio Real de Leipzig en la interpretación de estreno de su Primera Sinfonía en Re mayor. En 1900, Carrillo asistió al Congreso Internacional de Música de París, presidido por Camille Saint-Saëns. Presentó un trabajo, que el Congreso aceptó y publicó, sobre los nombres de los sonidos musicales. 4 años después, ganó el Primer Premio Cum Laud y con Distinción en el Concurso Internacional de Violín del Conservatorio de Gante. 

 Posteriormente ese mismo año regresó a México donde el presidente Díaz le obsequió un violín Amati "como regalo de la Nación Mexicana" por su excelente actuación en países extranjeros. En 1918 regresó a México, donde fue elegido director del Conservatorio Nacional y director de la Orquesta Sinfónica Nacional de México. El renombrado pianista Leopold Godowsky dijo que la orquesta era superior a la Orquesta Filarmónica de Nueva York. 

La Orquesta Sinfónica Nacional era tan popular que podía sostenerse con sus propios recursos económicos. Con su orquesta, Carrillo introdujo a México en la música de Bach, Mozart, Beethoven, Weber, Wagner, Tchaikovsky, Rimsky-Korsakoff, Richard Strauss, Saint-Saëns, Debussy y Ravel. Carrillo huye a Estados Unidos por problemas políticos posteriores a la Revolución Mexicana. En la ciudad de Nueva York, interpretó su primera sinfonía con la American Symphony Orchestra. El éxito fue tan grande que un periodista lo nombró “el heraldo de un musical Monroe Doctrine ". 

En 1916, Carrillo compuso la música para la película de D. W. Griffith, Intolerance. En Nueva York, Carrillo también escribió la" Decimotercera Teoría del Sonido "que se publicó más tarde en el segundo volumen de Musical Talks. Llegó a Nueva York en 1926, despertando de inmediato el interés de la "Liga de Compositores", compuesta por Bela Bartok, Paul Hindemith, Arthur Honneger, Ottorino Respighi, Manuel de Falla, entre otros, con quien Julián Carrillo mantuvo una Entrevista para la exposición. de sus teorías. A partir de este encuentro se acordó patrocinar el primer concierto con la música de sonido13 en Nueva York. 

 Carrillo patentó quince pianos metamorfoseadores para producir tonos completos, tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno, décimo, undécimo, duodécimo, decimotercero, decimocuarto, decimoquinto y decimosexto tonos en 1940. En 1947 realizó experimentos en NYU examinando la ley de los nodos y demostró que tenía que ser modificada después de que existiera un precepto clásico durante los últimos 26 siglos. Su razonamiento se deriva del hecho de que un nodo no es un punto matemático sino un punto físico. Si una cuerda de violín se detiene por debajo de la mitad, la frecuencia de la fracción arqueada es más del doble de la frecuencia de su nota base. 

 Carrillo luego amplió su trabajo sobre física musical en: Dos leyes de la física musical. En 1949, se fabricó el primer piano metamorfoseador para terceros tonos y Carrillo lo llevó al Conservatorio Musical de París al año siguiente. Allí conoció a Jean-Etienne Marie, quien difundió las teorías de Carrillo en Europa. En 1956, el presidente de Francia condecoró a Carrillo con la insignia de Caballero de la Legión de Honor. El gobierno de Alemania condecoró a Carrillo con la Gran Cruz de la Orden del Mérito. En 1958, Carrillo mostró sus 15 pianos metamorfoseadores en la Exposición Mundial de Bruselas. Ganaron una medalla de oro. Leopold Stokowski interpretó por primera vez Horizons: Symphonic Poem para violín, violonchelo y arpa en cuartos, octavos y dieciséis tonos. 

 El concierto fue tan exitoso que Stokowski tuvo que repetir la obra completa. El año que viene, Stokowski presentó Horizons en Washington, Baltimore y Minneapolis. En 1954 donó un piano metamorfoseador para terceros tonos a la Schola Cantorum de París. 

 En París durante 1963, Carrillo ganó el Gran Premio de Música Latinoamericana. Dio una conferencia en la Embajada de México en Londres y fue entrevistado por la BBC. The Times of London publicó un artículo de su corresponsal en Ciudad de México: "El gran anciano de la música mexicana, Julián Carrillo, se ha pasado la vida escudriñando un mundo sonoro microtónico insospechado. Ha destrozado y luego rehecho nuestra escala cromática, y podríamos sentir la tentación de llamarlo el átomo. divisor de música, excepto que el nombre no da idea del rico mundo emocional que ha abierto. ... Esta fue una revolución más sorprendente que cuando Terpander, en Grecia hace 26 siglos, agregó dos notas a la escala china de cinco tonos “. 

 En 1964 Robert Gendre estrenó el Primer Concierto para violín de Carrillo en cuartos de tono. Ese año, Carrillo escribió varias obras: tres sonatas para viola en cuartos de tono, una Sonata para violín en cuartos de tono, el Segundo Concierto para violín en cuartos de tono y varios cánones atonales. 

 El gobierno de México le otorgó la Medalla al Mérito Cívico por el aniversario del Canto de la Bandera Nacional que también compuso. En 1965 la URSS invitó a Carrillo a realizar varios conciertos en todo el país, pero murió antes. También ganó el Premio Sibelius de Finlandia, con el apoyo de los institutos musicales más importantes de Francia, Argentina, Brasil y México, pero su la muerte le impidió recibirlo personalmente. Carrillo murió en la Ciudad de México el 9 de septiembre de 1965. Su cuerpo fue depositado en la Rotonda de Personas Ilustres del Panteón de Dolores.

El Origen del Día de Muertos

El día de muertos es una celebración mexicana donde se honra a los muertos. Es una de las celebraciones más importantes de México, y que incluso la UNESCO declaró como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Al día de hoy tiene elementos prehispánicos y coloniales, ya que los españoles arrasaron con todas las fiestas de los mexicas, sin embargo, se dieron cuenta que coincidía con el día de todos los santos y decidieron mantenerlo y combinarlo con las creencias nativas para así facilitar la evangelización de los pueblos originarios. 

 Pero primero, suscríbete a nuestro canal y dale click a la campanilla de notificaciones para que veas antes que nadie nuestros nuevos videos, y no olvides darle like. Hoy presentamos: el origen de día Muertos. Los teotihuacanos acostumbraban hacer una ofrenda en honor a los muertos casi todo el tiempo, realizando rituales con el objetivo que el difunto llegara a uno de los cuatro paraísos según su cosmovisión de la muerte. 

Se ofrendaba comida, copal, vasijas, cuchillos, piedras de jade y semillas; también ofrendaban perros xoloescuintles para que los guiaran por el inframundo y pudieran llegar al paraíso. Para los pueblos mesoamericanos, la muerte no tenia la connotación negativa que tenían los pueblos cristianos, donde según la vida que se llevaba se castigaba o premiaba al momento de morir. 

Por el contrario, ellos creían que cada alma tenia un diferente destino dependiendo del tipo de muerte que tenían y no por lo hecho en vida. Las dos grandes culturas de mesoamérica eran los mexicas o aztecas, y los mayas. Ambos habían desarrollado un gran culto a la muerte. Siendo estos los precedentes de la celebración moderna del día de muertos en México. Para los mexicas, al morir una persona su alma tenia cuatros caminos posibles por recorrer: Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia. 

A este sitio llegaban aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por efecto de un rayo, los que morían por enfermedades como la gota o la hidropesía, la sarna o las bubas, así como también los niños sacrificados al dios Tláloc. 
El Tlalocan era un lugar de reposo y abundancia. Se trataba de un lugar placentero, donde existen toda clase de árboles frutales, así como maíz, chía, chiles, tomates, fresas, calabazas, y más productos, donde la vida era enteramente feliz. Este lugar estaba impregnado por el olor de todos estos arboles, frutas y demás alimentos. Además de ser el hogar del dios Tláloc, esto lo sabemos gracias a los escritos hechos por el misionero español, Fray Bernardino de Sahagún. Omeyocán, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. A este lugar llegaban los muertos en combate, los cautivos que se sacrificaban y las mujeres que morían en el parto. 

El Omeyocan era un lugar de gozo permanente, en el que se festejaba al sol y se le acompañaba con música, cantos y bailes. Los muertos que iban al Omeyocan, después de cuatro años, volvían al mundo, convertidos en aves de hermosas plumas multicolores. También es la residencia de la pareja creadora de los dioses y de la creación del universo. Es el lugar donde se concibe el principio generador de todo lo existente, Ometecuhtli y Omecíhuatl, dioses del sustento, de la furtividad, de lo inerte e inherente, y regidores del ciclo de la vida. Mictlán, destinado a quienes morían de causas naturales. 
Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era el inframundo de los mexicas lleno oscuridad del que ya no era posible salir y se dividía en nueve niveles. 

 El camino para llegar al Mictlán era muy tortuoso y difícil, pues para llegar a él las almas debían transitar por distintos lugares durante cuatro años. Luego de este tiempo, las almas llegaban al Chicunamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían las almas de los muertos. Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro Xoloitzcuintle, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas, algodón, hilos colorados y mantas. Quienes iban al Mictlán recibían, como ofrenda, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón. Las teas son astillas de madera con resina hechas para alumbrar o para prender fuego. 

 Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo. De esta manera, era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro, como ocarinas, flautas, tambores y sonajas en forma de calaveras; esculturas que representaban a los dioses mortuorios, cráneos de diversos materiales como piedra, jade, cristal, braseros, incensarios y urnas. 

 En las culturas del valle del Anáhuac, hoy centro de México, no existía como tal una fecha para el día de los muertos, ya que según su calendario llamado Hiupohualli, eran dos fechas diferentes de celebración, divididas en veintenas. 

 La primer veintena era la celebración llamada: Miccailhuitontli, que significaba, la fiesta de los muertitos o fiesta de los muertos pequeños y la segunda Miccailhuitl, que significaba fiesta de muertos. La primera se llevaba a cabo en el noveno mes del calendario solar mexica  llamado Tlaxochimaco correspondiente al mes de julio, y la segunda en agosto. 

 Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado xócotl, al cual le quitaban la corteza y lo adornaban con flores. En la celebración participaban todos, y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días. En el décimo mes del calendario Mexica se celebraba Micailhuitl o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el árbol de xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. 

Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas. Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el árbol de xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente colocaba altares con ofrendas para recordar a sus familiares y amigos fallecidos, lo que es el antecedente del actual altar de muertos que los mexicanos ponen en sus hogares y plazas. 

 De igual manera la cultura maya compartía una visión muy similar a las de los mexicas. Creían en un inframundo que el alma debería cruzar y junto con un perro xoloescuintle. Solamente que el inframundo maya se llamaba Xibalbá. Los mexicas eran parte de las culturas nahuas del centro de México, compartían muchísimos rasgos culturales, ya sea por pertenecer a la misma cultura o por intercambio cultural con otras culturas como lo eran los mayas, los zapotecas y mixtecos al sur o con los purépechas al oeste de México. 

 Para la época del virreinato de la nueva España, los evangelizadores españoles impusieron su religión y nombres a los pueblos originarios mexicanos, sin embargo, para suavizar la destrucción de su cultura utilizaron puntos en común entre ambas culturas para que la aceptación de los nativos fuera más fácil. Así como sucedió con la virgen de Guadalupe al fusionar la mitología cristiana de la virgen Maria con la adoración mexica por Tonantzin.

 Así surgió la imagen de la virgen de Guadalupe, una manera de cristianizar la religión mexica. Así sucedió con las celebraciones nativas hacia los muertos, al empatar las fechas del día católico de todos los santos y todas las almas con las celebraciones mesoamericanas. De ahí surgió el día de los muertos como lo conocemos hoy en día. 

 Durante el virreinato de la Nueva España, las prácticas mortuorias católicas empezaron a realizarse, como lo fueron los cementerios, entierros y cremaciones con la liturgia católica, donde se mezclaron ambas tradiciones, la europea con la indígena mexicana. 

Los cementerios empezaron a ser decorados con ofrendas de flores de Cempasuchil y comida, como en la época prehispánica pero con alimentos que ya mostraban una influencia europea como con el pan de muerto, las calaveras de azúcar y el pib yucateco. 

 Hoy en día los alimentos que se ofrendan en el altar son: Las calaveras de azúcar, con el nombre del difunto en la frente o de alguien vivo en forma de broma. El pan de muerto que se hace con forma redonda adornado con huesos o cráneos, se elabora con anís, similar a los huesitos de santos en España. Actualmente en Texcoco se le hace también con una cobertura de ceniza de totomoxtle, que son las hojas del maíz. La calabaza en tacha, es un platillo prehispánico, hecho de calabaza cocida con caña de azúcar, tejocotes, canela, actualmente también se hace con miel de pilonzillo. El altar aparte se adorna con flores de cempasuchil y flores de terciopelo, así como papel picado, que era papel originario de china con recortes que forman figuras representando calaveras o demás símbolos mexicanos. También se colocan varas de tejocote, ya que con estas el alma del difunto se abre paso, por eso se colocan las varas con todo y espinas. 

 Arco de caña y flores: en algunos lugares de México se acostumbra a realizar este arco, el cual simboliza el paso a una vida de purificación y el abandono del cuerpo terrenal. Se prendía copal, que es una resina natural aromática usada desde tiempos prehispánicos como manera de purificación y curación de males físicos y espirituales. También, se colocan los platillos favoritos del difunto, por lo general platillos mexicanos, como puede ser mole, tacos, arroz a la mexicana o enchiladas, así como bebidas alcohólicas como caballitos de tequila, pulque o vasos de mezcal. Cuando son ofrendas para niños se colocan sus juguetes. 

 Como influencia católica se colocan cruces, y por lo general doce cirios, y claro está, fotos de los difuntos. Dependiendo de la zona de México pueden cambiar ciertos rasgos de la celebración como puede ser en Janitzio, Michoacan, la Huasteca con el Xantolo o en Yucatán con su Janal Pixán. En el norte de México se celebraba el día de todos los santos, sin embargo, hasta hace un poco más de medio siglo, se empezó a celebrar el día de muertos gracias a las políticas educativas del gobierno mexicano. Es una tradición muy arraigada en los mexicanos, parte de su idiosincracia es el reírse de la muerte e incluso adorarla como lo hacen con la santa muerte, que podría ser la versión cristianizada de el señor del inframundo mexica Mictlántecuhtli. 

Ha llegado incluso a lugares de centro y Sudamerica, y en la cultura popular se ha representado esta celebración en el cine de Hollywood, así como en dibujos animados y programas de televisión. ¿Qué opinas? ¿Cómo celebran el día de muertos en tu ciudad? ¿Ya conocías este festejo? Déjanoslo saber en los comentarios y recuerda suscribirte y darle like para que podamos seguir haciendo el contenido que a ti te gusta.

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